El lugar donde vivimos, ya sea una casa enorme o un pequeño monoambiente, es el único espacio en donde somos nosotras mismas. En ningún otro sitio nos sentimos tan a gusto y despojadas como cuando llegamos a casa.
Nos descalzamos, nos ponemos ropa más suelta, las mujeres nos atamos el pelo de manera desprolija, entre otros pequeños hábitos que tenemos para sentirnos completamente libres y sin estructuras.
En esas circunstancias, el entorno no pasa desapercibido. Para que sea nuestro HOGAR tiene que contar la historia de nosotras, reflejar nuestra personalidad.
Imaginate llegar a casa cansada del trabajo, tirarte un rato en el sillón y que éste te resulte incómodo, o que no te guste el color o la trama, inconscientemente el momento de relax no va a ser completo, una parte tuya va a estar incomoda y esperando el momento en que cambie.
Por eso para decorar tu casa no debes guiarte 100% en la moda sin tener en cuenta tus gustos personales y el tipo de vivienda en el que vives, sino acabarás teniendo una casa que sólo sirve para ser fotografiada y publicada en una revista.
Quizás, sos del grupo de mujeres al que le cuesta desprenderse de objetos y muebles por lo que fueron, por quien los regaló o lo que les costó al momento de conseguirlos, pero ya no cumplen ninguna función y solo están obstaculizando el desarrollo de la vivienda. No tengas miedo de deshacerte de ellos, cambiarlos de lugar o de transformarlos si es posible.
O tal vez sos de esas personas que acumulan en exceso todo tipo de souvenirs, fotos y obsequios dejandolos a la vista. Visualmente esas habitaciones pasan a ser una colección de los afectos y un gran cajón de recuerdos. Comienza por esta limpieza. Hay muchas formas de tener a las personas queridas presentes sin exponerlas continuamente como un adorno.
Con esto no quiero decir que tenemos que salir a tirar estos obsequios por la ventana o despreciarlos cuando llegan a nosotros, pero si no te sentís cómoda, o no le encontrás un sitio adecuado no te veas en la obligación de que sea parte de la decoración.
Los cambios, así sean muy pequeños, son buenos. Nos renuevan la energía, nos hacen ver el día a día con otros ojos.

Un florero con flores nuevas o colocado en otro sitio, un mantel de otro color, o una funda nueva para los almohadones son pequeños detalles que pueden hacer cambiar la percepción de nuestro entorno de manera muy beneficiosa sin tanto esfuerzo.
Siempre digo que la vivienda tiene que ir cambiando con nosotras, si no somos las mismas que hace 10, 20 o 30 años atrás, no tenemos por qué seguir manteniendo cada rincón como al principio. Algunos cambios serán más abruptos, otros progresivos, pero es real que el malestar es constante si vives en un lugar que no es reflejo de tu personalidad, o de tu forma de vida.
Hay una frase que a mí me gusta mucho, de William Morris que dice «No tengas nada en tu casa que no sea útil o te parezca bello», para mí, es la regla de oro.
Asi que te invito a tomar cartas en el asunto y de a poco hacer un “chequeo” de tu entorno. Un ambiente habitable, útil, ordenado y con elementos que hablen de vos va a ser siempre la mejor presentación para quienes llegan y comparten momentos en tu hogar.
Ale
