La reciente pandemia nos ha puesto a todos en situaciones límites. Algunos más que otros, nadie puede decir que salió ileso, que es el mismo que hace dos años atrás. Tuvimos que adaptarnos a cambios sin demasiado tiempo para pensar.
Debimos encerrarnos y pasar meses dentro de las paredes de nuestra casa, convirtiéndola en oficina, escuela, plaza y cine. (En muchos casos todo al mismo tiempo y en el mismo lugar.)
Tuvimos que optimizar y flexibilizar espacios, realizar cambios rápidos y accesibles a nuestro bolsillo.
El regreso a la “vida normal” no será igual. Es un buen momento para aprender de lo sucedido. Si antes nuestra casa era un lugar de paso en el que estábamos para comer y dormir, el pasar mucho más tiempo en ella (y sólo en ella) sin poder salir, nos ha puesto en evidencia que los colores, las formas, las texturas y la iluminación (que no lo es todo, pero si, casi todo) afectan de manera directa en nuestro estado de ánimo, y en nuestra salud física y emocional.
Cuando proyectamos nuestro hogar creemos que nosotros lo diseñamos y modelamos a nuestro gusto, pero nos damos cuenta con el tiempo que es él quien en parte nos “modela” a nosotros.
Aquellos que han experimentado una renovación en sus ambientes se dan cuenta cómo influye completamente en su estado de ánimo o productividad.
No somos los mismos que hace un tiempo atrás, y por lo tanto no podemos vivir en la misma casa. No es necesario mudarnos o tumbar y edificar de nuevo, o tirar todo a la basura y salir a comprar nuevos muebles. La clave está en saber mirar con detenimiento cada rincón, ver dónde y con qué ya no nos sentimos tan cómodos o identificados. Qué sensaciones nos producen los ambientes, cómo nos queremos sentir estando allí y si es útil todo lo que tenemos o acumulamos.

Procurar generar entornos más saludables. Hacer de cada ambiente un espacio propio, descontracturado y sin sobrecargar.
Adaptarnos y animarnos sin miedo.
Son muchos los acontecimientos que pueden causar en nuestra rutina algún cambio; una mudanza, un nuevo integrante a la familia o la pérdida de uno de ellos, la ida de los hijos del hogar, un nuevo trabajo…
Todo acontecimiento que nos obligue a cambiar la rutina es una oportunidad de revisar nuestro nido, nuestro refugio, el lugar donde más seguros y cómodos tenemos que estar.
Es hermoso ver cómo van mutando los ambientes en una casa, el playroom de los chicos que se convierte en oficina, la habitación de los hijos en la sala de cine o lectura del matrimonio ya jubilado, el living adaptado a niños pequeños ahora puede modificarse para que sea lugar de encuentro de los adolescentes y así, infinitas posibilidades que nos brinda la vivienda para poder acompañar nuestra nueva vida, en vez de conformarnos sin posibilidad de renovación.
Te invito a mirar tu casa, los colores, las texturas y tramas, las sensaciones que tenés estando ahí. Cuánto quisieras renovar y no te animas, y con cuánto te sentís a gusto.
Cuán iluminados están tus ambientes, de día y de noche.
¿Tu casa se adapta a vos y a tu estilo de vida? ¿o vos te adaptaste a ella?
Ale
